Estas obras nunca existieron. El nuevo sol se levanta y algo se ha perdido.

Tienes frente a tus ojos una serie de monografías sumergidas en ácido, imágenes dos segundos antes de derretirse. A través de la obra de Santiago S. Mora (Guadalajara, 1995) se nos revela una temporalidad detenida en el instante, un espacio onírico mediante el cual accedemos al abandono, lugar delimitado entre el sueño y la vigilia. Las escaleras van hacia arriba en vez de ir hacia abajo. Subimos a una especie de esfera donde existe una ciudad en decadencia. Allá arriba, los deseos no dichos, no son necesariamente oscuras representaciones del inconsciente sino un espacio virtual y efervescente. Las cosas no alcanzan a ser dichas porque solo habitan el instante. Los objetos están cargados de una historia que desconocemos, que se mantiene inaccesible ¿Por qué entonces nos llenamos de melancolía? ¿Dónde están estas cosas que quisimos que pasaran pero que no nos atrevimos a verbalizar? ¿Cómo nos acercamos a nombrar las cosas?

Recogimos del suelo la promesa perdida de un ideal sobre la modernidad que nunca llegó. Dios se murió, pero vive el algoritmo. Nos quedamos con la realidad aletargada, con el mantra en la lengua:

“Soy real, cuando me nombras existo.” 

Sophia Barba 


Ig: Santiago Mora




A casi nadie le gusta el arte contemporáneo. ¿Qué es lo que el público en general espera del arte? ¿Por qué tanto rechazo? Luciana Ponte se dedica desde hace tiempo a pensar sobre la falta de comunicación entre el campo artístico y la audiencia. Lo hace buscando opiniones, husmeando entre foros y redes sociales, recopila imágenes y textos buscando conexiones. Para esta ocasión, explora la romántica noción del arte como algo obligado a darnos una lección, a revelarnos un secreto; como un inside joke que solo las personas que forman parte del culto pueden entender; algo que requiere esfuerzo para poder ser interpretado. La gente se siente excluida y el arte se siente solo. Luciana fantasea con el arte como una isla encriptada, un paraíso perdido. 

Así, desde el aislamiento virtual, invariablemente se cruza con el meme, viéndolo como el total democratizador de la expresión contemporánea, si el arte contemporáneo es un algoritmo elitista, entonces el meme es software libre. Si lo que nos separa de la audiencia es un mar, ¿El meme es entonces nuestro salvavidas? 

Luciana manda señales de humo digitales para otros navegantes, y envía mensajes embotellados a la mar, lanza su carnada al agua, a ver quienes pican el anzuelo, ¿Y quién sabe? tal vez encuentre otros náufragos. 

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Luciana Ponte nace en la ciudad de Neuquén, Argentina en 1981. Es Licenciada en Artes visuales por la Universidad Nacional de Arte de Argentina, becaria de la Universidad Torcuato DI TELLA, becaria del Centro de Investigaciones Artísticas. Realizó exposiciones individuales en Argentina, Chile, Colombia y México; y múltiples exhibiciones grupales en Argentina, México, España, Perú, Colombia y Suiza. 

Portfolio y Bio completa  

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Patricia Siller (1989. Saltillo, Coahuila) Es licenciada en Artes Visuales y Mediáticas por el CEDIM. Está interesada en los puntos en común entre la curaduría y la producción artística. Es co-fundadora y co-directora de Janet40, proyecto enfocado en la materialización de prácticas digitales. Realizó residencias en NoAutomático (Monterrey, MX) y en el Museum of Human Achievement (Austin, TX) con apoyo del FONCA Residencias. Con Janet40 ha producido y curado numerosas exhibiciones en México, EUA, España y Online. Actualmente es curadora del Ciclo 3.0 del Festival Hello World (CDMX, MX) y jefa de producción para la Feria de Arte Material (CDMX, MX)


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